Las instalaciones deportivas Juan Carlos I de Baena reciben la distinción de ‘Zona Cardioasegurada’

Las instalaciones deportivas Juan Carlos I del Ayuntamiento de Baena han recibido la distinción de ‘Zona Cardioasegurada’, concedida por el Centro de Emergencias Sanitarias 061 del Servicio Andaluz de Salud (SAS). El reconocimiento acredita que este espacio deportivo cuenta con los medios y el personal necesarios para actuar de forma inmediata ante una posible parada cardiorrespiratoria.
La entrega de la distinción se ha realizado junto a la de otras ocho instalaciones públicas y privadas de la provincia de Córdoba que también han obtenido esta certificación. Entre ellas se encuentran el Instituto de Educación Secundaria Diego de Bernuy, de Benamejí; la residencia escolar La Aduana; el hotel Mezquita Center; la clínica dental Eduardo López; la asociación Albasur, de Priego de Córdoba; la comunidad de propietarios Célere Poniente Sur y la sede provincial del Sindicato de Enfermería SATSE.
Con estas nuevas incorporaciones, Córdoba suma ya 89 instalaciones certificadas como zonas cardioaseguradas, espacios que disponen de desfibriladores y de personal preparado para intervenir mientras llegan los servicios de emergencias sanitarias.
La delegada territorial de Sanidad y Consumo en Córdoba, María Jesús Campos, ha destacado la importancia de contar con personal capacitado para actuar de manera inmediata ante una parada cardiorrespiratoria. Una intervención rápida permite mejorar las posibilidades de supervivencia y reducir las posibles secuelas.
En el caso de las instalaciones Deportivas Juan Carlos I de Baena, la obtención de esta certificación supone reforzar la seguridad de las personas que utilizan estas instalaciones, especialmente en un entorno destinado a la práctica deportiva, donde disponer de medios de respuesta rápida ante una emergencia sanitaria adquiere especial relevancia.
Para conseguir la consideración de ‘Zona Cardioasegurada’, las instalaciones deben disponer de un número suficiente de desfibriladores externos automatizados, operativos y correctamente distribuidos, de manera que al menos el 75% de las personas usuarias pueda recibir una desfibrilación en un tiempo inferior a tres minutos.
Además, las entidades deben contar con personal formado en reanimación cardiopulmonar, un programa de mantenimiento de los desfibriladores y un protocolo interno que permita localizar, trasladar y utilizar estos equipos mientras se alerta a los servicios de emergencias.





